Generador de códigos QR
La herramienta completa: enlaces, wifi, contacto, WhatsApp y más
Para restaurantes, tiendas y negocios locales
Pega el enlace de tu ficha de Google, elige colores y descarga el archivo 3MF listo para imprimir. El clásico «déjanos una reseña» de la barra, pero en una pieza que no se moja ni se dobla.
Tu web, tu carta, tu ficha de reseñas de Google, tu Instagram… cualquier enlace.
Al escanearlo, el móvil muestra el texto tal cual. Funciona sin conexión a internet.
Al escanearlo, el móvil se conecta solo. Ni la red ni la contraseña salen de tu dispositivo.
Al escanearlo se guarda el contacto en la agenda del móvil. Cuantos más datos pongas, más grande sale el código: deja en blanco lo que no necesites.
Abre una conversación de WhatsApp contigo con el mensaje ya puesto. El cliente solo tiene que darle a enviar.
Abre el correo del móvil con tu dirección ya rellenada.
Al escanearlo, el móvil marca el número directamente.
Abre el mensaje ya escrito, listo para enviar.
Vista previa · —
🔒 100 % privado — tu enlace, tu logo y los archivos se generan en tu dispositivo y no se suben a ningún servidor.
El logo o el emoji van en el centro del código, sin que deje de leerse.
Arrastra con el ratón para girarlo
Formato de las impresoras 3D modernas: lleva los dos colores dentro del archivo.
Las reseñas de Google son, para un negocio local, el escaparate que de verdad importa: deciden si alguien entra o sigue andando. Y la forma más barata de conseguirlas es pedirlas en el momento justo, cuando el cliente acaba de pagar y está contento.
El problema es el soporte físico. Las pegatinas se despegan, se manchan de grasa y se llenan de dedos. Los cartelitos de papel se doblan y acaban debajo del datáfono. Una pieza impresa en 3D pesa, se limpia con un trapo y se queda donde la pones: transmite que el negocio se cuida, y eso también cuenta.
Es la parte que más gente falla, porque pegan la dirección de su web en vez del enlace que abre directamente la ventana de valoración. Para conseguir el correcto:
g.page/r/…. Ese es el bueno: cópialo y pégalo aquí arriba.Al escanearlo, el cliente ve directamente las cinco estrellas y la casilla para escribir. Cada paso que le ahorras es gente que sí termina la reseña.
Dos avisos que te pueden ahorrar un disgusto, porque van contra las políticas de Google y pueden costarte la ficha:
Pide la reseña a todo el mundo, por igual. Y responde a las malas con educación: quien las lee valora más la respuesta que la queja.
El soporte hace la mitad del trabajo: está ahí, se ve y no hay que decir nada. Pero la diferencia entre un negocio con doce reseñas y uno con doscientas casi nunca es el cartel. Es que alguien la pide en voz alta, y la pide bien.
Hay una ventana buena y es corta: justo después de que el cliente diga que le ha gustado. Cuando alaba el plato, cuando ve el coche arreglado, cuando se mira al espejo en la peluquería. Ese es el momento, no el de la puerta.
El segundo mejor momento es al pagar, porque hay una pausa natural mientras se procesa la tarjeta. Son diez segundos en los que el cliente está parado mirando al frente y no le estás interrumpiendo nada.
Funciona algo corto, concreto y con la razón incluida:
«Si le ha gustado, nos ayuda muchísimo una reseña en Google. Con el móvil, ahí mismo, son diez segundos.»
Tres cosas hacen que esa frase funcione: dice quién se beneficia (nosotros, un negocio pequeño), dice cuánto cuesta (diez segundos) y señala el soporte para que no haya que buscar nada. La gente ayuda si se le pide claro y no le supone un lío.
Si solo lo pide el dueño, el negocio consigue las reseñas de los turnos del dueño. Merece la pena dedicar cinco minutos a explicárselo al equipo: qué frase usar, en qué momento, y por qué importa. Y conviene que sea una petición, no un objetivo con número: en cuanto se convierte en algo que hay que cumplir, empiezan a aparecer atajos que a Google no le gustan nada.
Un cuadrado negro sin explicación se ignora. Al lado del código tiene que haber una frase que diga qué pasa si lo escaneas, y conviene que sea concreta.
Funciona bien «¿Nos dejas una reseña en Google?» o «Cuéntanos qué tal ha ido». Funciona mal «Escanee el código QR», que no dice para qué, y funciona aún peor no poner nada.
Si tienes clientela extranjera, añade la línea en inglés debajo, más pequeña. Y si el negocio tiene nombre corto, ponlo: ayuda a que el cliente sepa que está reseñando el sitio correcto y no la cadena entera.
Sobre el diseño, dos cosas que se olvidan siempre: el código tiene que ser oscuro sobre fondo claro —al revés falla en muchos móviles— y necesita un margen libre alrededor. Ambas cosas, y el tamaño que le corresponde, están explicadas en la guía de tamaño mínimo de un código QR.
Veinte reseñas repartidas a lo largo de un año valen más que veinte en la misma semana. Un negocio que lleva tres años con cuatro reseñas y de pronto recibe cuarenta en cuatro días levanta sospechas: a los ojos de cualquiera que las lea, y también de los sistemas automáticos de Google.
Lo que quieres es constancia. Pedirla siempre, a todo el mundo, sin campañas: dos o tres a la semana de forma sostenida construyen un perfil mucho más creíble que cualquier golpe puntual.
También importa la variedad. Un perfil donde todas las reseñas dicen «muy bueno» en cinco palabras parece comprado. Los comentarios largos, con detalles concretos —el nombre del plato, el problema que le resolviste— pesan más para quien los lee y son los que de verdad hacen entrar a alguien.
Nada de descuentos, cafés, sorteos ni «te lo agradecemos con un detalle». Las reseñas incentivadas van contra las políticas de Google y pueden costarte la ficha entera, que es el activo local más valioso que tienes. Pedirla está permitido; pagarla, no.
Va a llegar. A todos los negocios les llega, y no es el final de nada: un perfil con solo cincos resulta menos creíble que uno con una media alta y alguna crítica.
El orden correcto es este:
Una respuesta educada a una crítica dura convence más que diez reseñas buenas. Quien lee reseñas antes de entrar en un sitio se fija justo en eso.
No hace falta ninguna herramienta de pago. Apunta el número de reseñas que tienes hoy, con la fecha, en el móvil o en un papel. Vuelve a mirarlo dentro de un mes.
Si la cifra no se ha movido, el problema casi nunca es el código: es que nadie lo está pidiendo en voz alta, o que el soporte está en un sitio donde el cliente no mira. Prueba a cambiarlo de posición antes de dar por hecho que no funciona.
Y compruébalo tú mismo de vez en cuando: escanea tu propio soporte con el móvil, como haría un cliente, y mira que se abre directamente la ventana para escribir. Si el enlace cambió o el perfil se movió, mejor enterarte tú que descubrirlo tres meses después.
En tu Perfil de Empresa de Google, en la opción «Pedir reseñas». Google te da un enlace corto del tipo g.page/r/… que abre directamente la ventana de valoración. Ese es el que hay que poner en el código, no la dirección de tu web.
Primero tienes que crear y verificar tu Perfil de Empresa de Google, que es gratuito. Hasta que Google no verifique el negocio (normalmente por carta postal o por teléfono) no existe la ficha ni, por tanto, el enlace de reseñas.
90 mm de ancho es el estándar y funciona en cualquier barra o mesa. Si lo vas a poner más lejos del cliente, por ejemplo en un mostrador alto, sube a 110 o 120 mm para que el código siga siendo cómodo de escanear.
Sí. En el objeto impreso el logo sale en relieve como silueta de un solo color, y en la imagen PNG sale a todo color. Eso sí, al tapar parte del código conviene escanearlo antes de imprimir una tirada.
Sí. El soporte de mesa está diseñado como una cuña con la cara inclinada hacia arriba, precisamente para que la impresora no necesite estructuras de apoyo. Altura de capa 0,2 mm y relleno del 15 % es suficiente.
Todas las veces que quieras, sin registro ni límite. Genera uno por local con su propio enlace de reseñas y su nombre en el texto en relieve.
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Para eventos, bodas, ferias y negocios
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