Guía
Cómo poner un QR en la carta de un restaurante
Los QR en la hostelería tienen mala fama, y en buena parte se la han ganado a pulso: cartas en PDF imposibles de leer, códigos diminutos en soportes que reflejan, y clientes girando el móvil como si intentaran sintonizar una radio. Nada de eso es culpa del QR. Es culpa de cómo se ha montado. Esta guía va de montarlo bien.
Lo primero, y lo más importante: a dónde lleva
Aquí se gana o se pierde todo. El código es la parte fácil; el destino es lo que hace que el cliente se enfade o no.
Un PDF no es una carta digital. Es un folio escaneado metido en el móvil. Obliga al cliente a ampliar con los dedos, a moverse por la hoja para leer los precios, y en muchos móviles se descarga en vez de abrirse. Si tu QR lleva a un PDF, tienes la mitad del problema ahí.
Lo que sí funciona es una página web normal que se adapte al ancho del móvil, donde los platos se lean como se lee cualquier otra web: bajando con el dedo. No hace falta nada sofisticado ni caro. Vale tu propia web, vale una página sencilla creada con cualquier herramienta gratuita, y vale incluso la carta que puedes publicar en tu ficha de Google. Lo único que importa es que:
- Se lea sin ampliar.
- Cargue rápido con mala cobertura, porque el fondo de un local no siempre tiene buena señal.
- No pida instalar ninguna aplicación ni registrarse. Eso vacía mesas.
- Esté actualizada. Un QR que lleva a la carta del año pasado es peor que no tener QR.
Haz que el código apunte a una dirección corta y propia, del estilo tunegocio.com/carta, y configura en tu alojamiento una redirección desde ahí hasta la carta real. El día que cambies de sistema, cambias la redirección y los soportes impresos siguen valiendo. Lo explico entero en QR estático o dinámico.
Dónde colocarlo
El sitio evidente es la mesa, pero no es el único que renta:
- Soporte de mesa. El clásico. Que quede inclinado, no tumbado: un código plano sobre la mesa obliga a inclinarse encima y coge todos los reflejos del techo.
- En la carta de papel. Parece contradictorio y no lo es: sirve para la carta de vinos completa, para las fotos de los platos o para la información de alérgenos, que en papel ocuparía cuatro páginas.
- En la entrada o el escaparate. Este es el que más se olvida y de los más rentables: mucha gente decide si entra o no mirando los precios desde fuera. Ahí necesitas un código más grande, de unos 20 cm.
- En el ticket o la cuenta. Buen momento para el código de reseñas, cuando el cliente acaba de comer bien.
Lo que no funciona: pegarlo en el mantel de papel, donde acabará debajo del pan; o ponerlo en la pared del fondo, donde nadie va a levantarse a escanear.
Qué tamaño
En un soporte de mesa, entre 3,5 y 5 centímetros de lado. La regla es que el código mida al menos la décima parte de la distancia de lectura, y en una mesa esa distancia son unos 40 o 50 centímetros contando con que la persona no se va a levantar.
En la entrada o el escaparate, sube a 20 centímetros como mínimo, porque nadie se pega al cristal.
Si quieres afinar, en la guía de tamaño mínimo de un código QR está la tabla completa y la explicación de por qué un enlace largo obliga a imprimir más grande.
El texto que va al lado importa tanto como el código
Un cuadrado negro sin explicación se ignora. La gente necesita saber tres cosas antes de sacar el móvil: qué es, qué va a conseguir y que no le va a costar nada.
Funciona algo tan simple como «Escanea para ver la carta», con la flecha si hace falta. Si tienes clientela extranjera, añade la línea en inglés. Y si la carta está en varios idiomas, dilo: es un motivo de verdad para escanear.
Lo que no hay que hacer es escribir «Escanee el código QR con la cámara de su dispositivo móvil para acceder a nuestra carta digital». Nadie lee eso.
Materiales e impresión: los errores que salen caros
Aquí es donde mueren la mayoría de los códigos que sí estaban bien generados:
- El plastificado brillante. Es el asesino número uno. Bajo la luz de un local, el brillo genera un reflejo justo encima del código y la cámara no ve nada. Plastifica siempre en mate.
- El código claro sobre fondo oscuro. Queda muy elegante en el diseño y falla en muchos móviles: buena parte de los lectores esperan el patrón normal, oscuro sobre claro. Si tu carta es negra, pon el código dentro de un recuadro claro.
- Colores sin contraste. Un código dorado sobre beige es invisible para una cámara. Si dudas, haz la prueba de la fotocopia en blanco y negro: si ahí no se distingue, tampoco lo va a distinguir el móvil.
- Recortar el margen. El código necesita un borde libre alrededor. Si el diseñador lo recorta a ras para que quepa, deja de leerse.
- El papel del ticket. La impresión térmica se borra con el calor y el roce. Para el código de reseñas del ticket, imprímelo grande y asume que durará poco.
No quites las cartas de papel
Merece la pena decirlo claro, porque es la queja más habitual de los clientes: habrá gente sin batería, sin datos, con un móvil viejo, con la vista cansada o que sencillamente ha salido a cenar y no quiere mirar una pantalla. Perder esa mesa por ahorrar en impresión no sale a cuenta.
Mantén unas cuantas cartas físicas y ofrécelas sin que haya que pedirlas dos veces. Y ten presente que la información sobre alérgenos tiene que estar a disposición del cliente: no puede depender de que su móvil consiga abrir una página.
Lo razonable es tratar el QR como lo que es: una comodidad añadida, no un sustituto.
Aprovecha el mismo soporte, pero sin pasarte
Un soporte de mesa da para dos códigos como máximo, bien separados y con su etiqueta cada uno. Tres o cuatro ya es un panel de instrucciones y nadie escanea ninguno.
Las dos combinaciones que mejor funcionan son carta + wifi y carta + reseñas. El del wifi es especialmente agradecido: el cliente se conecta solo, sin que nadie tenga que cantar la contraseña en voz alta, y de paso te aseguras de que pueda cargar la carta aunque la cobertura sea mala.
Prueba antes de imprimir cien
Cinco minutos de comprobación, con el soporte ya terminado y en la mesa:
- Siéntate donde se sienta el cliente y escanea desde ahí, sin acercarte.
- Hazlo con la luz de la noche, que es cuando peor se ve.
- Pruébalo con un móvil viejo, no solo con el tuyo.
- Hazlo con el plastificado puesto, no con la prueba en papel.
- Cronometra cuánto tarda en aparecer la carta. Si pasa de cinco segundos, el problema ya no es el código: es la página.
- Comprueba que los precios se leen sin ampliar con los dedos.
Puedes crear aquí mismo el código de tu carta, el de tu wifi y el de tus reseñas, descargarlos en PNG o SVG para llevar a la imprenta y, si te apetece, generar también un soporte de mesa para imprimir en 3D: ir al generador.