Guía

Cómo poner un logo en un código QR sin que deje de leerse

Se puede, queda bien y no es magia: los códigos QR están diseñados para funcionar aunque una parte esté tapada. Lo que pasa es que esa tolerancia tiene un límite, y la mayoría de los códigos con logo que fallan lo hacen por haberlo cruzado sin saberlo.

Por qué funciona

Un código QR guarda la información repetida. Está pensado para etiquetas de fábrica, cajas manchadas y piezas rayadas, así que incluye datos de más para poder reconstruir lo que falte.

Hay cuatro niveles de esa reserva, y cada uno aguanta más daño:

NivelDaño que soportaCuándo usarlo
L7 %Sin logo, en pantalla, cuando quieres el código más limpio posible
M15 %El equilibrio habitual, para impresión normal
Q25 %Con logo, o para superficies que se ensucian
H30 %Logo grande, exteriores, piezas que se manchan o se rozan

Para el lector, tu logo es exactamente lo mismo que una mancha de grasa: una zona que no puede leer. Si cabe dentro de la reserva, reconstruye lo que falta y todo va bien. Si se pasa, se rinde.

La regla del 20 %

El número que hay que recordar: que el logo no ocupe más de una quinta parte del ancho del código. En un código de 3 centímetros, eso son 6 milímetros de logo.

Con un nivel de corrección alto puedes estirarlo hasta un 25 %, pero no más. Y aquí hay una trampa en la que cae mucha gente: que en tu móvil se lea no significa que esté bien. Los móviles nuevos, con buena cámara y buena luz, leen códigos que un móvil de hace cinco años en un bar en penumbra no leerá jamás. Si tu código con logo funciona justito, funciona mal.

El coste oculto de subir el nivel

Más corrección de errores significa más información repetida, y más información significa más cuadraditos en la misma rejilla. Si mantienes el tamaño impreso, cada cuadradito se hace más pequeño. Es decir: un logo grande te obliga a imprimir el código más grande. Las cifras están en la guía de tamaño mínimo.

Las tres esquinas son intocables

Fíjate en cualquier código QR: tiene tres cuadrados grandes, en las esquinas superior izquierda, superior derecha e inferior izquierda. Se llaman patrones de posición y son lo primero que busca el lector para saber dónde está el código, en qué ángulo y a qué escala.

Esos tres cuadrados no se pueden tapar ni recortar nunca, ni siquiera un poco. Tampoco conviene tocar la línea de puntos que los une por los bordes. Por eso el logo va siempre en el centro: es la única zona donde no estorba a nada esencial.

Y por eso también hay que desconfiar de los diseños «creativos» que meten el logo en una esquina o que recortan el código en forma de círculo. Suelen fallar.

Cómo tiene que ser el logo

Lo que funciona:

Lo que no funciona:

El orden correcto para hacerlo

Si en algún paso deja de leerse, vuelve atrás uno. El punto donde se rompe te dice exactamente cuál era tu límite.

Cuándo no merece la pena

Ser honesto también sirve: hay casos en los que el logo resta más de lo que suma.

Si el código va a ir muy pequeño —una tarjeta de visita, una etiqueta, un llavero—, el logo se come un espacio que no te sobra y encima obliga a agrandar el código. Si va a estar lejos, en un escaparate o una lona, el logo no se distingue a esa distancia y solo hace más frágil la lectura. Y si el código lleva mucha información, como una tarjeta de contacto completa, ya está bastante denso sin ayuda.

En esos tres casos, un código limpio y bien impreso comunica más profesionalidad que uno con logo que a veces falla.

En el generador puedes subir tu logo —o poner un emoji— y ver el resultado al momento. En cuanto detecta que hay algo en el centro, sube solo la corrección de errores al nivel H, el más resistente, para que no tengas que acordarte tú. Luego lo descargas en PNG o en SVG para llevarlo a imprenta.

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